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domingo, 14 de febrero de 2010

Cuál es el propósito de escribir? algún reconocimiento literario (vadrá la pena?), fama, o familla más bien, dinero? si fuera eso hay maneras más sencillas y mejor pagadas.
Es que acaso todo acto literario es ridículo como un aficionado a los sombreros? como un payaso que utiliza el blog para calentar y estirar sus dedos?
un gato negro cruza frente a mi teclado antes de escribir, lo que él no sabe es que yo soy el que lleva la mala suerte.
Todo se derrumba sin importar las alabastras de palabras. ¿y la pinche improvisación qué vale? qué importa si todos te ignoran.
Escribe, cabrón, porque uno sólo es escritor mientras está escribiendo, el resto del tiempo eres un farol o un pobre diablo. No hay nada más triste que un pobre diablo orgulloso de serlo, del que lleva el record de sus derrotas y brinda siempre en el nombre de lo que se fue.
Al carajo todo. No hay más. ¿cuál es el propósito de escribir? qué pinches voy a saberlo, mí mismo, sólo eres un farol y un pobre diablo. Mí mismo, al carajo.

martes, 20 de octubre de 2009

Bloqueo

Cuando uno está bloqueado enfrentándose a la hoja vacía es facil darse cuenta de lo rídiculo que es, a veces, escribir. El temor una página en blanco, o más bien, ahora, la pantalla. Y el resto, el ocio, la internet, las páginas de redes sociales, el blog, perdida de tiempo (?) en el proceso creativo. A veces al platicar con mis amigos reflexiono en las cosas que digo, "La novela va bien, aunque estoy atorado en el capítulo tres", si yo no fuera yo me diría a mí mismo que soy un pretencioso. Mí mismo no sabría que responder.

Escribir después de todo es pretender, aunque de cierta manera todo en la vida lo es. A veces bajo el pretexto de la novela dejo de hacer otras cosas dentro de mi vida diaria, de ver personas, de llegar a citas, también sé que el resultado final decepcionará a amigos y familiares; todo eso se parece a la definición de lo que es una adicción.

Sin embargo aquí estoy, tecleando para ver si dentro de todas las palabras sale algún indicio de por qué me empecino en continuar. Buscando las palabras exactas para iniciar el cápítulo tercero, ese es EL problema. Siempre estamos buscando las palabras exactas para todo, Las palabras exactas para impresionar a una mujer, a un amigo, a el jefe; las palabras exactas para el trabajo final, el ensayo, el cuento, el poema; las palabras exactas de una misa, de un rezo, de unas exequias; qué decir para asaltar, qué decir al confesarse, que decir frente al diablo, a la muerte, qué decir cuando uno esté mirando a los ojos a dios, o ante la nada.

Las palabras perfectas son, en realidad, el silencio.

Yo sólo hago ruido, quiero escribir pero ni sale espuma.

No es tampoco un silencio cualquiera, es un silencio como el de Rulfo, un silencio de un autor pleno que termina por aceptar lo que ha escrito, regresar a la página en blanco, al inicio. Un viaje de ida y vuelta. Y yo apenas estoy en el puerto, sin saber qué esperar, dónde naufragar, qué sirenas cantarán. Y yo apenas estoy. Y no sé qué hacer.

domingo, 6 de septiembre de 2009

plagio del plagio del plagio

Un cuento que escribí para un taller de la fac. las restricciones eran que dieron la primaera frase, una intermedia y la final, teniamos que aplicarlas exactas, este fue el resultado y agradecería sus comentarios:

LA ESPERA

Con disculpas a Julio Torri y Salvador Elizondo

Una fría neblina llegaba desde la bahía atravesando los bosques, flores marchitas mezcladas con algas y basura era arrastradas por las olas a la orilla de la playa. El cielo no se distinguía del mar en el horizonte: formaban un solo tono turbio de gris: Era inminente una tormenta, una tan grande como no se había visto en siglos. Ella sonrió, quizá habría llegado el momento de tener compañía.

Las gaviotas volaban inquietas sobre ella, indecisas entre esperar alimento o resguardarse, ella permanecía estática ante el mar embravecido, como una escultura de mármol: esperando, tanto tiempo esperando.

La vieja embarcación apareció a la vista, parecía el grabado de un libro antiguo. Ella se emocionó a tal grado que empezó a cantar. Había pasado una eternidad desde que escuchó su voz. Eufórica agitaba los brazos mientras berreaba su melodía. Había olvidado cuánto tiempo ha permanecido sola.

Un hombre, destacándose de los demás, se tiró un clavado, la tripulación no es capaz de impedirlo. Nadó velozmente hasta llegar a donde ella se encontraba, al salir del mar movió la cabeza con lentitud, sonriendo y sudando la miró a los ojos y se abalanzó sobre ella.

Ella no supo qué hacer, qué decir, había esperado tanto por este momento que su realización no le parecía más que un cruel y extraño sueño. Empezó a reír pensando que de las infinitas posibilidades de su historia ésta era la menos probable, la más inverosímil. Ulises la empujó hacía atrás temeroso de esa risa sicótica. Ella se sintió avergonzada, si por lo menos no hubiera cantado para él, que lo hubiera dejado pasar, habrían resistido la tentación. Ahora estaban destinados a pasar el tiempo que les quedase juntos. Sin embargo, algo interrumpió sus pensamientos, la curiosidad por fin le hizo hablar, de todas las mujeres en su vida había una que lo amaba más que a nadie.

–¿Por qué abandonaste a Penélope? ¿Por qué regresaste al mar?

Ulises agachó la mirada, su viejo rostro se llenó de dolor. El Viento comenzaba a elevarse más y más.

–Pasaron los años y ella no me pudo reconocer. Sigue hilando y deshilando, sigue esperándome.

La sirena se sintió defraudada, quiso darle la advertencia de que su canto era estúpido y monótono, que ella misma olía a algas y pescado. Que era la última y no le quedaría mucho tiempo. Pero sólo pudo articular algunas palabras, tratando de explicarse:


–Conmigo no te espera nada bueno, nadie conocerá esta historia,
ningún rapsoda cantará sobre nosotros. Si estamos juntos sólo nos queda esperar… –Un trueno interrumpió su discurso y algunas gotas pesadas cayeron sobre su rostro. –Esperar, –repitió una vez más –esperar a que nos lleve la muerte y el olvido.

Ella comenzó a llorar con la confianza de que sus lágrimas se perderían bajo la lluvia. Él la abrazó fuertemente, la miró de nuevo a los ojos y sonriendo le dijo:

–Muy bien, entonces llévame.

lunes, 10 de agosto de 2009

Me gusta escuchar música mientras escribo, pero...

Desde que empecé me gusta escribir escuchando música, mis primeros cuentos, que tal vez no llegaban a eso, más bien relatos sin anecdota, estampas mal dibujadas o lo que fueran, las escribía escuchando a José José. No porque quisiera escribir las mismas cosas que el Principe, sólo porque me gusta, además siempre nos acompañó al final de las pedas en gto.

De entonces a ahora la música ha variado, de los que recuerdo: Tom Waits, Bowie, Pulp, Tindersticks, Agustín Lara, Jack white y la banda que tenga en su momento, nick cave, y así. Algunas veces los meto de personajes, o hago referencias a sus canciones. No lo hago por pretencioso, sólo porque me gustan y creo que la sociedad actual vive en una cultura multimedia, que encuentra placer en reconocer estos detalles, en vincularlos, música con imagenes, con palabras o lo que sea.

Me gusta escuchar música mientras escribo, pero el problema es que me distraigo facilmente. Quise adelantar a un primer capitulo de la novela, que a este paso sólo existirá en mi cabeza, mientras escuchaba Back to the cat de Barry Adamson, buen disco, lo malo es que en vez de seguir trabajando se me ocurrió este post. Algún consejo? Escribir escuchando música clásica, que sería más pretencioso y además no sé nada? O escribir en silencio?
 
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